Crisis del sindicalismo

Por Cándido González Carnero.

Aunque llevo ya unos cuantos años prejubilado como consecuencia de los largos procesos de Reconversión que vivimos en Asturias, ello no me impide hacer una breve reflexión, sobre la actual decadencia sindical del momento.

El sindicalismo vive en la actualidad en mi opinión, los peores momentos de su historia. El sindicalismo ha dejado de ser un instrumento, para organizar a la clase trabajadora, o, lo que es aún peor, el sindicalismo de clase y mayoritario UGT y CCOO, han dejado de ser sindicatos al servicio de los trabajadores/as para convertirse en aparatos burocratizados e institucionalizados al servicio del gobierno y del gran capital. Basta ver una y otra vez las imágenes en prensa de sus principales dirigentes sentados continuamente en mesas de gobierno y patronal, negociando acuerdos, muchos de ellos, poco gratificantes para los intereses de los trabajadores.

El sindicalismo actual, refugiado  en los núcleos estables cada vez más envejecidos y conservadores, no quiere o no saben enfrentarse a la situación actual de crisis económica.  No es admisible ver a sindicalistas desempeñando cargos sindicales como es el caso de Eduardo Donaire, del cual pudimos ver en prensa que tras 38 años (toda una vida laboral), no volverá a optar a la reelección, ¡casi nada!

Situación similar la de su compañero sindical Justo Rodríguez Braga, o, la de otros dirigentes de ambos sindicatos.

Esta impotencia los coloca en una crisis terminal como movimiento social. Sin organización, sin credibilidad alguna en el núcleo laboral, sin abordar ni dirigir las reivindicaciones sociales de un inmenso conflicto laboral latente, con 11 millones de trabajadores precarizados y 5 millones de personas en paro.

Podemos estar hablando de crisis en los sectores más importantes de la economía en Asturias y de la crisis global, pero si no se es capaz de elaborar alternativas que expresen la realidad de cada día, es estar mirando sin ver.

Analizar las causas que producen el enorme desprestigio sindical debe constituir entre todos/as trabajadores/as, un balance crítico de las razones que producen una enorme distancia, entre la base social y las formas de desarrollar una actividad sindical, en el momento actual, marcado por una gran explotación de las clases más desfavorecidas.

candidoEn todo el Estado Español se va consolidando un proceso que tiene efectos devastadores en los distintos pueblos, como en el caso de Asturias, desde Reconversiones industriales, despidos colectivos, privatizaciones, deslocalizaciones, contratos basura, recortes en prestaciones de desempleo, en el sistema de pensiones, en sanidad, educación, sirviendo los nacionalismos o Comunidades Autónomas de acompañamiento a todo este proceso, siendo Asturias la más afectada, sin que esto suponga una mayor incidencia en la lucha. Todo lo contrario supone una mayor división y desaprovechamiento de la acción sindical.

Actualmente los dirigentes de UGT y CCOO, los cuales llevan demasiado tiempo en primera línea sindical, son fieles subordinados y estrechos colaboradores de los proyectos de los distintos gobiernos de la derecha y la socialdemocracia que de forma alterna gobiernan este país.

Necesitamos profundizar en un proyecto común, en el cual parece obvio que sería inviable con los actuales dirigentes de estos sindicatos y combatir la dispersión. Profundizar en un proyecto significa que debemos enfrentarnos más abiertamente a los objetivos prácticos contra un sistema neoliberal y globalizador en crisis, que nos condena con la violencia al hambre y a la miseria social, para ir articulando una conciencia que permita a la clase trabajadora poder intervenir como lo que somos, un sujeto explotado por el capital, pero que tenemos capacidad para intervenir en los procesos de producción, en organización del trabajo y en el reparto de la riqueza.

La otra gran cuestión es cómo cambiar la tendencia a la dispersión y atomización del movimiento sindical de clase, que generaron los actuales dirigentes sindicales instalados en la negociación claudicante y en el abandono a la lucha de clases.

No sería lógico a partir de un análisis serio y riguroso continuar con dirigentes como ya he comentado anteriormente, aferrados a un modelo sindical fracasado y negándonos a asumir cambios.

Hoy tenemos la obligación urgente de introducir cambios profundos que conlleven a resolver los retos que demanda la mayoría social y ello pasa necesariamente por la renovación de toda la cúpula sindical y a partir de ahí cambiar los modos y las formas de hacer sindicalismo.

Hoy nuestra lucha debe constituir un objetivo prioritario contra las consecuencias de la globalización económica, el neoliberalismo y las consecuencias de la crisis que ello generó.

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